Como seres sociales con un sistema de intercambio y conexión emocional más allá de lo que podemos explicar, necesitamos entender que nacemos de otro ser, pero nos vamos completamente solos.

El miedo a la muerte es la certeza de una soledad inevitable y por eso nos pasamos la vida intentando pertenecer.

Si logras vivir contigo misma, si tu proceso te lleva a encontrarte, aceptándote como primer eslabón de la cadena que te sujeta al resto del mundo, entiendes que cada día nos vamos un poco, y ese miedo a tu propio final, a todos tus finales, ya no pesan, porque ya nunca vas a estar sola.

Y tus decisiones ya no se basan en evitar sentirte pequeña o perdida, tus prioridades cambian y tu atención, tu energía y tu poder se enfoca en el instante presente.

Y vivir así es como rendirse, como desvanecerse despacito, agradecida cada noche de haber sido.

Seremos capaces de transmitírselo a nuestrxs hijxs?

La libertad de vivirse plenos…

Lo que hubiera dado yo por tomarme un café largo con el Sr.Adler…

María Soto