En mi visión condicionada, limitada y limitante siempre creí que paseaba acompañado.
Cada vez que me cruzaba con él, casi a diario, involuntariamente buscaba a su alrededor con la mirada esperando encontrarme a un/a adult@ cerca, vigilando. Con todos sus reflejos e instintos de protección centrados en su nuca.

Imposible que fuera solo.

Desde una perspectiva relajada y facilona, en la que el juicio vuela a la velocidad de la luz, esa sección de mi cerebro que yo creía en extinción se formó una composición de lugar echando mano de todos mis prejuicios. » Tienen que haber alguien siguiéndole, por si acaso»

Pero no.

Ese niño con el que me cruzo casi a diario, atraviesa una avenida principal y varias calles bastante empinadas, totalmente solo.
Nadie le acompaña cuando nos esquiva a todos con la prisa de quien nunca llega tarde.
Ni cuando le pierdo de vista cuando se despeina bajando cuestas.

Ese niño nos da un millón de lecciones cada día a los que le miramos desde arriba, sin necesidad de usar una silla de ruedas, sin hacer nada más que plantarse ante su vida y decirnos : YO SOY CAPAZ.

Y una vez más me quedo con ganas de abrazar a unos padres, que han sabido mirar de frente la parálisis cerebral de su hijo, con confianza, aliento y un corazón enormemente valiente.

Desde aquí mi cariño, mi aplauso, mi reverencia y mi agradecimiento por vuestro INMENSO ejemplo.

GRACIAS!