Poca gente te felicita de primeras.
Recuerdo en los controles de embarazo, cómo un enfermero me dió un abrazo sincero al decirle que sería el tercer hijo…fue la única vez, salvo la familia y amigos claro, que noté que no me miraban raro o como a una loca cuando he dicho que van tres y por mí serían más.

Yo tengo 5 hermanos y mi marido otros 5. Hemos tenido la inmensa suerte de criarnos en un grupo de personas diverso, intenso, económicamente justo y con unos padres enamorados de lo que hacían: intentar educar a 6 personas de la mejor manera posible.

Recuerdo vivir cualquier lujo (fuera de lo indispensablemente indispensable) como una fiesta, mezcla de suerte, incredulidad y travesura “hoy hay helado???”como si Mamá y Papá se hubieran vuelto locos.

Recuerdo el ruido, el barullo constante de voces, música ( 5 de 6 íbamos al conservatorio), los ladridos del perro (sip, teníamos hermano peludo),etc…era un ambiente VIVO, en donde la primera lección que tenías que aprender era la SUPERVIVENCIA. Dentro de las normas familiares existía ese margen fuera de la ley en el que sobresalía el más fuerte: si llegas tarde a la mesa ojo con el reparto de patatas, si gritas más en la pelea tienes la razón, si cedes demasiado con tus cosas, olvídate de tus cosas, si eres ordenado, vete ahorrando para psiquiatra en 10 años, etc…
Era un campo de entrenamiento en donde surgían los peores conflictos pero también nacía lo mejor de ti.
Mucha gente a la que querer y ser querido por muchos.
Incalculable.

Pero pasan los años y es de libro. Por mucho que se niegue, se trate de ocultar o se normalice, siempre hay problemas, incluso en el mundo ideal de las familias numerosas. Es humano. Y es normal.

Recuerdo el primer café que me tomé a solas con mi madre…tenía 23 años.

Si, voy a hablaros del “tiempo a solas”.

Porque es muy habitual oír el manido ” así se crían solos” en este tipo de familias.
“Se ayudan unos a otros” o “la mayor es como una Mamá”…y cada vez que lo oigo, me da ganas de llorar.
Por todas aquellas veces en las que mi yo pequeñita fue “hermana de…”, la mayor de las chicas, para más inri.

Todos, todos,TODOS necesitamos tiempo a solas con nuestros padres porque los adultos a veces olvidamos algo: tengo tres hijos, pero es que cada uno de ellos SÓLO TIENE UNA MADRE.

Soy igual de importante, imprescindible, insustituíble y fundamental para todos ellos, por lo que todos necesitan una “parcelita” de mi.

Eso es lo que creo que a veces no se tiene en cuenta en familias grandes. El grupo es una bendición, pero en cada grupo, cada uno, en su individualidad, necesita de sus figuras de apego. Son compartidas, de acuerdo, pero necesitamos ser únicos para ellos. No puedo ser un sexto o un tercio del amor de mi madre, lo necesito TODO.
Y estoy de acuerdo en que compartir es vivir y en que es maravilloso tener hermanos, las familias numerosas son el escenario perfecto para crecer con un sentido de comunidad muy arraigado, pero sin perder de vista que la estabilidad emocional del ser humano radica en el SENTIDO DE PERTENENCIA, en cómo entiendo durante mi infancia en dónde está mi sitio respecto a mis figuras de apego. Qué papel tengo en esta familia? Cómo me relaciono con mis figuras de referencia? Como un ser individual o como la tercera parte de un todo?

Qué quiere decir todo esto? Que el bache más grande para tener más de un hijo no es el económico, sino EL TIEMPO.

Tienes tiempo para pasar un rato al día a solas con cada uno? Cada dos días? A la semana? Si no tienes tiempo, va a ser complicado.
Y no es válida la excusa/frase “no importa la cantidad, sino la calidad” No. Necesitas mucho tiempo para cuidar, abonar con mucho amor, y acompañar la evolución de los vínculos con tus hijos.
Cómo pretendes medir la calidad? Por el número de sonrisas menos el de berrinches dividido entre los paseos?
No. Tiempo y de calidad. Eso es lo que necesitan nuestros hijos para crecer de forma estable.
Porque a lo mejor, después de un año casi sin vernos, entre actividades, reuniones y “cosas imprescindibles” pretendemos compensar con un EuroDisney en verano.
Nop.
Puede que sea más necesario estar para jugar a un juego de mesa juntos una tarde de lluvia, o para preparar la cena, o para tomar esa medicina que no me gusta.Puede que en esos ratitos sin importancia esté la base de su confianza, de su equilibrio.

Pienso muchas veces en mi infancia y en cómo tanto mis hermanos como yo no hacíamos otra cosa que intentar que nuestros padres nos vieran, de una forma o de otra. Con métodos más o menos adecuados. Era como el escaparate de esas tiendas de animales en la que todos los perritos mueven sus colitas esperando a que los mires a ellos…

“La p/maternidad responsable sería plantearse la vida de forma que puedas darles todo lo que necesitan”
Ésto se dice mucho. Pero, qué es lo que necesitan? Si lo mides en cosas el cálculo varía en función de la subjetividad de cada uno o de lo que la sociedad nos vaya diciendo que necesitamos.
Nada de todas esas “cosas” será suficiente si no nos tienen a nosotros, al menos el ratito suficiente al día como para hacerles sentir que son lo más importante para nosotros. Uno por uno, cada uno de ellos tiene que encontrar su sitio, y éste se asienta en la seguridad de sus padres.

Si quieres tener hijos, asegúrate de que el trabajo que te da recursos para darles cosas, no te quite el tiempo para darles seguridad, estabilidad y amor. Asegúrate de que te queden energías al final del día para seguir construyendo poquito a poco una relación única con cada uno de ellos. Tener un tema de conversación, una afición, un estilo con cada uno. Porque son hermanos, son parte de un grupo, pero son personas individuales que deben crecer como tal.

Por eso es fundamental, en vez de seguir adaptándose y ajustando la vida a “la vida” (imposición social otra vez) dar un golpe en la mesa por las familias y exigir jornadas y sueldos compatibles con la crianza y educación consciente y responsable.
De lo contrario estamos abocados a la extinción o a una sociedad sin apego, disfuncional.

Tener una familia grande significa multiplicar el amor y dividir el tiempo, hasta el último decimal, para que todo encaje.

María Soto