Estaba ejerciendo.

Haciendo horas extras en las facetas más «presentes» de mi vida, pero sobretodo, estaba saboreando cada segundo con mi familia.

No era momento para compartir, escribir, postear, twittear o visitar ninguna red…

Y es que esta última semana ha sido muy diferente a todo… porque el día 30 de Abril, tuvimos un accidente de coche.

Íbamos los 4 juntos, de excursión como casi cada fin de semana, y en medio de un camino en el bosque, en mitad de una conversación, en el estribillo de una canción preferida…casi nos dejamos la vida.
Así, sin más.

Y si, es verdad, todo pasa a cámara lenta, como en las pelis.

En un segundo el coche ya no es un medio de transporte, se convierte en una trampa de metal que rebota en otro coche, luego en la cuneta, y luego silencio.

Y dos caras de pánico pequeñitas, y cuatro gritos, y lágrimas en silencio bajando por sus mejillas.

Papá me mira un «estás bien» y saltamos del coche a sacar a los niños.

Todos enteros.
Al ritmo de una taquicardia, el dueño del otro coche me grita cosas demasiado feas como para ser procesadas en el momento en el que más agradecimiento sientes de toda tu vida.

Y no te das cuenta de que los airbags no funcionaron, ni de que, afortunadamente, nada va a ser como antes…nunca más.

Esperando a la ambulancia descubrimos una herida fea en el cuello de Elena y se nos encoge el alma, pero sólo es eso, una herida fea que dejará una cicatriz con historia.
«El coche está muerto Mamá, y Nosotros?»

Al llegar al hospital tenemos tatuajes temporales con forma de cinturón de seguridad de color morado ( que aún nos duran y ya son verdes), tenemos un millón de «estás bien» y «te quieros», unos abuelos incondicionales, a Papá con su superpoder de la sonrisa oportuna, una migraña bestial…y dos niños que iluminan una sala de urgencias llena de gastroenteritis.

«Menudo susto Mamá»

Y ahora, sin coche, con cicatrices superficiales, alguna que otra pesadilla y el miedo a ir a más de 30 km/h, todo se ve diferente.
Todo es AHORA.
Y no le doy importancia al «Día de la Madre», sino a estar VIVA todas las horas del día. Cada día.

Me dan igual las reivindicaciones típicas de festejos de género o las manifestaciones públicas de vidas perfectas en un #hastAAAGGG , sencillamente me rindo a la bendición de no dar nada por sentado, de no esperar absolutamente nada, de recibir hasta el oxígeno que respiro como un regalo….

Porque estamos de paso, pero vivimos como si fuéramos eternos…porque si supiéramos qué recuerdos se están grabando en las cabecitas de nuestros hijxs, probablemente no le daríamos tanta importancia a cosas que no la tienen, si fuéramos conscientes de que cada día puede ser el último, pero también el primero, no caeríamos en la inconsciencia de dejar pasar un solo instante sin disfrutar con nuestros seres queridos.
Cómo quieres que te recuerden?

Qué mejor forma de educar que hacerles sentir agradecimiento simplemente por estar VIVOS. Hacer que valoren el verdadero regalo del tiempo que nos quede…

Mi madre me escribió este domingo: «Celébrate»

Y eso he estado haciendo.

María Soto