A menudo en los talleres trabajo con las familias un “mapa” en el que desarrollamos una posible visión futura de lo que nos gustaría aportar a nuestros hij@s, de las habilidades que querríamos que tuvieran para poder ser adultos estables y felices.
Metas a alcanzar juntos desde nuestra posición actual.

Yo suelo hablar del buen humor, que puede parecer una frivolidad, pero a mi me resulta fundamental para disfrutar la vida con una mirada mucho más sencilla y divertida.
A día de hoy, preparando mi próximo taller, por situaciones que he tenido la suerte de vivir, sin ninguna duda nada me gustaría más que ver en mi hijos a personas CONSCIENTES.

El mundo es un lugar fascinante, pero la vida es una sucesión de instantes que normalmente se pierden entre la vorágine de lo superficial.
Lo sencillo y revelador queda oculto tras las luces cegadoras y los colores chillones de una realidad artificial, creada para ser consumida…

Quitando las distracciones que nos desvían de lo esencial, todo a nuestro alrededor es un regalo constante, un milagro para quienes son capaces de ver la belleza en un rayo de luz entrando por la ventana, o la grandeza de un brote de helecho que desafía al asfalto…

La CONSCIENCIA es un estado que requiere de conexión, de contacto directo con nuestras propias emociones y de apertura total a la recepción. De vacío y de paz que nos ayuden a absorber toda la magia que nos rodea. De valentía para ser capaces de aceptar todo lo que nos ha sido dado y que nos está esperando más allá de nosotros mismos, pero plenamente realistas ante nuestras limitaciones, nuestras fortalezas y de todo lo aprendido por el camino.
De una locura transitoria perpetua que no sabes si te da vértigo o cosquillas, pero que te envuelve en aceptación, en equilibrio.

Cuántas veces la prisa, la rutina, el yugo de “las obligaciones”, el entretenimiento banal y hueco de los medios o nuestra propia desidia nos alejan de esa conexión con lo esencial, del mundo REAL que nos rodea.

La CONSCIENCIA es vivir con plena capacidad, convertirnos en canal por el que todo simplemente fluya. Nuestros sentidos se liberan de los juicios sometedores y limitantes y dejamos de tener opinión de todo, porque estamos demasiado ocupados experimentando, ilusionándonos, agradeciendo…

Para educar a nuestr@s hij@s de esta forma el primer paso sería maravillarnos con ellos. Por ellos. Tratarles como lo que realmente son: VIDA nueva, un don sagrado que renueva nuestra oportunidad de experimentarlo todo de manera plenamente PURA.

El AMOR puro, el MIEDO puro, la FELICIDAD pura, el AGOTAMIENTO puro, la ENTREGA pura…todo elevado a su expresión máxima.
Casi se podría decir que son el primer eslabón de nuestro camino hacia esa conexión, hacia esa mirada limpia de interferencias.

Tratarles como al mejor de los maestros, porque sin hacer nada nos enseñan a dar lo mejor de nosotros mismos, y cuando inevitablemente nos sale lo peor, por cansancio o desesperación, son los únicos que pueden perdonarnos ese mal momento sin juzgarnos…siguen ahí, esperando un abrazo, olvidando nuestra peor cara, queriéndonos INCONDICIONALMENTE y aceptando en nosotros lo que no soportamos en ellos.

Cuando seamos capaces de mirarles con el agradecimiento que se merecen, con la admiración que deberían suscitarnos, seremos capaces de mostrarles cómo se vive de forma CONSCIENTE. Porque ellos aún no han activado sus filtros de EGO o de MIEDO racionales,esas barreras aprendidas que nos contienen sin sentido… Porque ellos todavía no han olvidado cómo ABSORBER la vida como si cada día fuera el último. Porque su limitado control emocional permite que estén en contacto directo y constante con sus propios sentimientos.
Nosotros hemos escuchado demasiados “no llores” demasiados “que viene el lobo”, demasiado condicionamiento…

Que se pregunten, que experimenten, que duden… Que no se fíen pero que confíen. Que quieran saber dónde están y lo que ocurre a su alrededor. Que no obedezcan por obedecer, que desde el respeto sepan que pueden desarrollar su propio criterio, sin imponerlo pero que tampoco se dejen someter. Que les guste escuchar, aprender, avanzar. Que no teman fallar o equivocarse, sino quedarse quietos ante su propia ignorancia. Que se conozcan y que así sientan cómo los demás podrían sentir. Que vean en el otro a un compañero y nunca a un rival.Que se atrevan, que valoren, que agradezcan, que viajen y se pierdan para poder encontrarse, que lloren de emoción y que no sufran ni un solo día de su vida, utilizando cualquier dolor para fortalecerse… Que si algún “no puedo” les tienta, sepan desafiarlo con prudencia y que se miren al espejo con paz, con curiosidad, nunca con complejos o con comparaciones limitantes. Que se alejen del ruido y busquen su propia verdad. Que acepten de la vida sus regalos y sus momentos difíciles como aprendizajes, como lecciones para el crecimiento. Que observen sin más, sin valoraciones, sin expectativas, con el corazón y la mente abiertos por si algo increíble pudiera estar a punto de suceder…como si cualquier momento fuese digno de saborear.

¿Y cómo se hace eso? ¿Cómo se educa de esa forma?

Es un reto apasionante que parte de un secreto que poco a poco tenéis que ayudarme a difundir, decídselo a todos, que todo el mundo se entere:

Los niñ@s vienen de serie CONSCIENTES, con capacidad plena para recibir, experimentar y disfrutar sin juzgar… Con su esencia sin adulterar, con un instinto innato para entender el AMOR y para buscar respuestas a todo lo que les rodea. Con una luz pura que ilumina el alma a quien es capaz de verla.

Limpios.

Está en nuestra mano estar lo suficientemente atentos, conectados y agradecidos como para acompañar su camino sin limitar ese super poder, ese don con el que TODOS vinimos al mundo y que, aunque parece fácil de extraviar, ha nacido con nosotros y aún está ahí, escondido en la última vez que a solas y en silencio sentiste que no necesitabas absolutamente nada más, que no tenías miedo y que cualquier cosa podría pasar …y todo están bien así.

No te pierdas tu vida y tus hijos serán personas CONSCIENTES.

María Soto