Imagina que las personas a las que más admiras en este mundo, tus referentes, a las que adoras, sólo te miran de dos maneras: juzgándote o con sentimiento de culpa.
Imagina que todo lo que haces y dices es analizado de manera instantánea, implacable, pasado por un filtro de lo correcto vs incorrecto tan vacío como subjetivo.
Imagínate fiscalizada cada segundo, clasificada en un idioma que ni siquiera tus jueces entienden.
Imagínate más evaluada que comprendida, en un concurso de talentos constante en donde nada de lo que hagas es suficiente y no tienes claro si la cosa va contigo o te usan de espejo…
Imagina que te cuesta comprender si has fallado, o el fallo eres tú.
O mejor recuerda … porque eso es lo que se siente cuando eres pequeña y las personas que te educan utilizan el conductismo … ese método del que todo el mundo reniega hoy en día , pero que no somos capaces de sanar en nosotros mismos…y ahí viene la culpa.
Y los automatismos que ya ni nos funcionan ni nos encajan, y nuestra inseguridad como m/padres, y su autoestima dañada al sentirnos dudar a cada paso.
Pero sabes qué?…se puede escapar de ese laberinto en espiral que es la vida en el “a la primera”, en el blanco y negro, en la autoexigencia y la frustración…
Sucede cuando llega una persona que en lugar de buscar tus defectos o proyectarte los suyos, te recuerda tu magia.
Cuando la vida te regala alguien que te quiere incondicional…por encima de la idea de ti misma que te fabricaste para poder perdonar y “ser buena”…
Te deseo una mirada sin condiciones. Y la valentía para entenderla.
Y así sanarnos…y aprender a querernos imperfectos para ellxs…

María Soto