¿Por qué? Si un extraño se acerca a ti en la calle y te pide tu móvil, o si intenta quitártelo de las manos, ¿Qué harías? ¿Qué se te pasaría por la cabeza? ¿Qué decisiones tomarías en ese momento?

Los niños pequeños no saben lo que significa compartir. Es una cuestión fisiológica. Los mecanismos que regulan la conciencia de sí mismos y de los demás están en desarrollo, por lo que les cuesta bastante comprender por qué un juguete que les gusta no puede ser suyo, o por qué tienen que dejárselo a los demás.

Podemos obligarles a hacerlo, convencerlos, presionarlos o despistarlos pero…¿Están aprendiendo a ser generosos, empáticos o a tener en cuenta a los demás?
Estoy convencida de que no.

Para conseguir que nuestros hijos aprendan a compartir sus juguetes, una bolsa de gusanitos o a no arrancarle de las manos a un amiguito un juguete que les gusta debemos trabajar EL SENTIDO DE PERTENENCIA.

Los seres humanos somos animales sociales. Necesitamos al grupo para sobrevivir. Los niños, desde que nacen, están «ajustando» su sentido de pertenencia, están aprendiendo a vivir en grupo .Igual que los adultos: Todo lo que sentimos, pensamos y decidimos viene determinado por el sentido de pertenencia NECESITAMOS QUE LOS DEMÁS NOS TENGAN EN CUENTA.

Piensa que estás tomando un café con un grupo de amigos y a ti nadie te hace caso…¿Cómo te sentirías?. Esa incomodidad, esa sensación de invisibilidad es lo que nos moviliza, lo que hace que a veces tomemos malas decisiones.

Si hacemos sentir pertenencia a nuestros hijos, si conseguimos que sientan que les tenemos en cuenta, si les demostramos que nos importan más ellos que las cosas que hacen, que confiamos en ellos, aprenderán a tener en cuenta a los demás. Les saldrá de manera natural ofrecer, preguntar, sentir empatía en definitiva.
¿Cómo si no podemos enseñarles a ponerse en la piel de otros?

Compartir de manera espontánea no es más que un comportamiento empático que sale del interior, darle mi juguete a otro niño porque mi madre me obliga es otra cosa.

Está claro que debemos educar a nuestros hijos en la generosidad, pero jamás será un valor interiorizado y expresado de forma sincera si no vamos al fondo de la cuestión.

Educar «a corto pazo» es fácil y rápido: «dáselo», enseñar a convivir lleva su tiempo, pero los resultados son reales. No necesitarán que estén Mamá o Papa delante para compartir.

Si entendemos que algo tan importante como tener conciencia de las necesidades de uno mismo y de los demás es un proceso que lleva su tiempo, aprenderemos a tramitar los momentos «comparte» de una forma más respetuosa para todos.

¿Me dejas tu coche?
¿No?
¡HAY QUE COMPARTIR!
😉