Si algo tengo que agradecer a mis hijos es que me hayan ayudado a olvidarme del idioma del odio. Ya no entiendo los insultos o provocaciones, no sé distinguir las letras de la furia.
Ahora veo el dolor, me han enseñado a traducir los dardos de veneno que ahoga al que los lanza y ahora percibo el miedo de fondo, la soledad de raíz.

La COMPASIÓN ha perdido la guerra y ya no quedan batallas para remontar, porque el EGO ha arrasado al NOSOTROS al que realmente nos debemos y vagamos vacíos de alma, supliendo carencias con espejismos de cosas e intentando completar con miedo la nada que nos desconecta …que es dolor…que es odio. Y nos olvidamos de que somos un sistema, un conjunto precioso de rarezas que intentan, sin éxito, entender de dónde, a dónde y para qué…un cúmulo de soledades que se chocan al pasar…

Si nos doliera ese dolor, que es el grito de quien te increpa su propia inseguridad, el insulto de quien se está retratando en su propia pequeñez…si pudiéramos dolernos de la mano, juntos, y no escuchar una ofensa, sino una súplica desesperada de ayuda, una carencia total de recursos…sólo así nos dejaríamos empapar de compasión, compartir lágrimas para terminar mucho antes de llorar…

Si fuéramos capaces de mirarnos por dentro nos veríamos bonitos, iguales, distintos… Descubriríamos una parte de nosotros mismos en cada corazón y podríamos eliminar los escudos y barricadas, sabernos desnudos y vulnerables, pero unidos y valientes…JUNTOS.

La COMPASIÓN se ha tropezado con la inflexibilidad de manera muy pobre de vivir, muy de nadie…que al separarnos de ese TODOS tan seguro, ruidoso, inmenso… nos hemos perdido por el camino…y está oscuro…y en vez de abrazarnos con el primero que chocamos, nos han enseñado a defendernos, porque no hemos entendido ese chispazo…porque no nos damos cuenta de que en este barullo universal, es con quien tropieces con quien estás destinado a brillar…

Si algo tengo que agradecer a mis hijos es que me hayan enseñado el idioma de la COMPASIÓN, para entender que si eres capaz de dañarme, es porque juntos necesitamos y podemos vencer a tu dolor…nuestro precioso y necesario dolor