No se me ocurre mayor castigo para una persona que el hecho de vivir sin las riendas de su propia vida. Sin criterio. Sin libertad.
En una cárcel sin barrotes.

¿Cómo se educa a una persona libre?

Pues mal que nos pese, dejando que se equivoque, que tome sus propias decisiones y cuanto antes, mejor.
Ayudándole a crecer de esos errores y acompañándole sin bloquearle.

Soltando y confiando.

Sin condicionar nuestro cariño a un aprobado, a una elección de vida que nos convenga o a una expectativa irreal.

Existen muchas formas de anular a una persona y para mí la más vil es la de ayudarle, atenderle o demostrarle cariño sólo cuando hace lo que nosotros queremos.

“Te ayudo a esto, a esto otro no. Te hablo o te apoyo si vas por este camino. Si vas por este otro, como te vas a estrellar ( porque yo lo sé todo), no tienes mi bendición….”

Terrorífico.

“ Me hace sufrir/entristece/decepciona que hayas decidido eso, hijo”
Uffff….

Y lo hacemos. Negamos muchas veces el camino de la felicidad a nuestros hijos por no dejarles escoger algo diferente a lo que nosotros haríamos. O si les dejamos escoger, pero al darles la espalda o mostrarles desacuerdo, les estamos condenando al fracaso, porque por profecía autocumplida, se van a enfrentar a esa situación desde la inseguridad.
Les estaremos empujando a sentirse culpables por no «hacernos caso» y todo acabará mal cuando no tenía por qué hacerlo.
Podría ser así si no les apoyamos o al menos, respetamos desde la prudencia.

Y también podría ser un error. Si. Pero es su vida.

Lo más terrible que he escuchado ( familiar de adolescentes): » Es necesario mantenerlos en la burbuja de la seguridad,nosotros sabemos lo que es mejor para ellos. el mundo es un sitio muy feo…»

Claro, y así les estamos dando muchísimas herramientas para vivir en este mundo tan «feo», verdad?
No os parece una contradicción bochornosa?

No son nuestros. No son robots.

“Es un títere de su madre”.
Cuánto daño.

María Soto