“​-​Papá no deja ​bajar de la acera.​
​-​Pero él no está aquí ahora.”

​Escalofriante.

La conversación REAL de la que fui testigo, entre dos hermanos de 6 y 4 años al borde de una carretera comarcal que confirma que “enseñar a OBEDECER” no sirve absolutamente de nada.

El hermano mayor era el que bajaba a la calzada y tenía clarísimo que si no le veía su padre, podría hacer lo que EN SU PRESENCIA le prohibía.
A pesar de su total inconsciencia estoy segura de que su padre le habría explicado ya UN SINFÍN de veces que NO SE PUEDE caminar por la calzada, pero…
¿Qué ha interpretado el niño? ¿Qué ha aprendido creyendo que puede hacerlo si no está su padre delante? ¿Qué decisión está tomando?

La educación basada en la OBEDIENCIA y en la AUTORIDAD confunde, fomenta una distancia que juega en nuestra contra, porque no enseña, genera rebeldía y es la semilla perfecta para la mentira…Lxs niñxs no aprenden a tomar buenas decisiones. Sencillamente deciden hacer caso o no, nada más, porque el fundamento es “obedece”, de eso se trata todo… “hago lo que me dice o no” ( y eso cuando escuchan lo que les decimos, claro).

No queremos que nuestros hijxs aprendan “lo que les dejamos hacer y lo que no”, sino las posibles consecuencias de sus actos.
No queremos que nuestros hijxs aprendan antes a ocultar sus errores que a sacar de ellos una lección, no queremos que nos tengan miedo o nos vean como una figura de control o castigo, sino como las personas que más les quieren en este mundo.

Podemos creer que es precisamente ” en nombre del amor” que educamos desde la autoridad y los principios del condicionamiento (castigo, premio)…Nos resuena el “es por tu bien” en la cabeza, pero…¿Será posible que no podamos reflexionar un segundo sobre lo que pueden estar aprendiendo? A corto plazo estamos seguros de que puede funcionar pero la educación responsable va mucho más allá del “porque lo digo yo”, porque si tú no estás delante…¿qué va a pasar?

No se trata de repetirles, explicarles, sermonearles, amenazarles o prohibirles…sino de fomentar la reflexión, que ellos mismos lleguen a conclusiones útiles, favorecer la observación, trabajar juntos la tramitación de las emociones, perfilar los límites desde la comprensión de sus procesos (cada edad tiene sus retos), desde el respeto ( por uno mismo, los demás y las circunstancias) .
Fomentar la cooperación y la confianza, y sólo así, construyendo un vínculo basado en la conexión, estaremos guiando de forma responsable a nuestros hijos en SU PROPIO CAMINO…ese que recorren cuando no estamos delante.

María Soto