Para muchos de vosotros ir a la compra puede ser algo muy fácil y normal.

Para mí el mero hecho de pisar un hipermercado o centro comercial ya me produce urticaria.
O-dio-ir-de-com-pras.

Me supera la aglomeración, el ritmo, el concepto y el aturdimiento que me provocan​.
Entro en un estado de ebullición que puede explotar en cualquier momento.
Me contengo. MUCHO. Pero estoy deseando acabar, escapar de allí.
Si mamá hace la compra siempre faltan 3 o 4 cosas, generalmente las del último pasillo. Muy típico de mi estar llegando al final y rendirme…

Así que si, amig@s, la que tiene más papeletas para tener una rabieta haciendo la compra soy yo. No puedo negarlo.
El caso es que hay que comer comida, y cuando tu compañero de andanzas ( adulto) tiene que trabajar y aprender un idioma, no puede hacer compras…
Así que inevitablemente me tocó.

Me armé de buena voluntad y mejores intenciones y me propuse “portarme bien”, pero no, en el fondo antes de salir de casa ya estaba de muy mal humor. Así que hice lo que más me funciona en estos casos en los que entro en trance y no me soporto a mi misma: jugar.

Esta condición de hater del capitalismo en general me ayuda mucho a empatizar con los niños, a darme perfecta cuenta de que el 100% de las ocasiones en las que nuestros hijos nos deleitan con una escena de tragedia griega en la fila de cajas de un hiper es por puro aburrimiento, estrés y sobre estimulación…igual que a mi. NOS-SU-PE-RA…
Así que siendo consciente de mis limitaciones, pedí ayuda a quienes más puede entenderme y a quienes más necesitan que yo les entienda. Mis cachorros.

Vamos a montarnos en el coche, ir al hipermercado y pasarlo bien. Ea.
​Vamos de misión de caza.

Nos ponemos en la piel de tres intrépidos exploradores con su fiel mascota muda y ausente ( Yago) que se disponen buscar víveres para el invierno. Fallo que al llegar me doy cuenta de que he olvidado la mochila así que ​tenemos que llevar a nuestro pequeño ayudante en el carrito maxicosi, pero nada que no pueda solucionarse. Yo llevaré a Yago y Antón manejará el carro. ( Que como sabéis está trucadísimo para girarse hacia los lados y no hay quien lo lleve recto, pero bueno…)

Establecemos los cometidos de cada uno: Antón leer la lista de víveres y guiarnos en su búsqueda, Elena vigilar y esquivar a una señora con abrigo marrón y a una chica de pelo rizado, a las que hemos asignado el papel de personas de las que debemos huír ( para darle emoción, es super divertido escaparte de alguien y que se de cuenta pero no sepa por qué narices lo haces…con dos peques y un bebé es tronchante), Mamá hacer “el tonto” todo lo posible ( bailar exageradamente en los pasillos vacíos, hablar a los cadáveres de pez en la pescadería para decirles que los rescataremos esta noche, vacilar a Antón y ponerme como una niña pidiéndole cosas que no se pueden comprar, inventarme otros usos de alimentos: “mirad, las alcachofas sirven para ver en la oscuridad, nos las llevamos!”, etc…), Yago: dormir.

Después de hora y media ha sido suficiente, creemos que Elena sigue dentro del carro aunque no estamos seguros si lo que se mueve debajo de la montaña de comida es ella o las caballas intentando escapar…Antón se parte al verla allí debajo toda rodeada, despeinada y vigilando a la señora, a la que hemos decidido seguir sin que nos vea porque esquivarla perdió la gracia…

En mitad del proceso hubo que abandonar el carro para salir corriendo al baño de la planta de abajo con peligro de escape inminente, así que también tuvimos episodio de tensioncilla, risotada y parada técnica en los cochecitos “de moneda sin moneda”…

Luego tocó ordenar los artículos en la cinta, que empezó siendo por colores, luego por tipos de comida y luego totalmente aleatorio cuando la cajera aceleró el ritmo…pagar dando a los botones de la maquinita y embolsar.

El matrimonio que esperaba en caja detrás de nosotros miraban a los niños con una sonrisa y la cajera se dió cuenta: “Han visto qué maravilla hacer la compra así?” Supongo que se refería a los niños, pero yo no pude evitar decirles ; “Si, hoy me he portado bien…”

Porque no importa cómo “se portan” ellos, lo normal sería querer irse,expresar cansancio o aburrimiento…lo importante es cómo actuamos los adultos ante sus posibles rabietas o malos momentos. Si hubiera algo susceptible de ser juzgado, debería de ser nuestra conducta, no sus procesos…

Para mi la clave está en DISFRUTAR. Para mi es fundamental convertir con ellos cualquier situación en algo a través de lo que poder jugar y explotar nuestra imaginación. Me conecto con ellos y con la niña que fui, con la que no quiero dejar de ser….Y ellos aprenden a adaptarse a las situaciones desde el humor, el asombro, las ganas de pasar un buen rato, desde valorar los ratos juntos, ya sea haciendo la compra, en la sala de espera del médico o en un día de lluvia en casa….
Hacer la compra o cualquier cosa con 3 niños, será lo difícil que tú lo marques con tu actitud.

A veces me dicen “Loquita Mamá” y ahí, pedagogías a parte, sé que estoy consiguiendo lo que siempre quise: Ser Mamá sin perderme.

Necesito calcetines, así que en breve os cuento la versión “ropita” de nuestras misiones… 🙂