Volteretas.

La vida es movimiento. En constante vaivén nos peleamos con el espacio y el tiempo para lograr un equilibrio, sin dejar de girar. Sin un segundo de tregua.
Todo avanza en una sola dirección, inevitablemente hacia delante. Por más que nos empeñemos en acelerar o en quedarnos atrás, la tendencia es avanzar.
A veces duele, a veces da miedo, a veces vemos venir el impacto y otras veces ni nos damos cuenta de que es el vértigo lo que nos eriza el bello… y sólo los que no se dejan atrapar por el ancla de la desidia son capaces de experimentar la energía, el producto de todo ese movimiento.
Pura fuerza.

Porque no hemos venido a ver pasar a los días adelantándonos la vida, porque estamos aquí para transformar el tiempo en luz y llenar de voces el silencio…pero somos un coro que canta desafinado porque no nos entendemos, que choca al bailar porque no escuchamos a nuestro propio cuerpo.

Y es esa soledad de nosotros mismos y de los demás lo que a veces nos obliga a buscar, a intentar encajar, a correr sin dirección desesperadamente perdidos…y es tan fuerte ese dolor de no tenernos que todo empieza a girar demasiado rápido y nuestros pies dejan de tocar el suelo. Nos caemos en un vacío existencial que llenamos de necesidades y situaciones que no nos hacen crecer, que nos alejan poco a poco y más y más del suelo. El vacío de conexión quema más que el fuego.

Relativizamos, justificamos, revoloteamos, intentamos “disfrutar del viaje” y cuando caemos, porque siempre caemos, nos damos cuenta que no estamos hechos para la ingravidez y mucho menos para un viaje rodeados de una soledad muy ruidosa.

Pero la buena noticia es que si eres de los que oyen escuchando y miran viendo, si consigues recoger la luz después de haber sembrado cada paso que das, después de esa voltereta la vida te reserva siempre una sorpresa.

Si creías que ya lo habías visto todo es que aún no has abierto bien los ojos, es que te queda muy poquito para entender que SOMOS y nos pasa lo que CREAMOS,que nosotros mismos pintamos nuestro propio paisaje, así que procura llenarlo de color, de calor y de contacto.

Y si… a veces se te pierde tanto amor por el camino que cuando vuelves a ti misma, cuando consigues ser más fuerte que la oscuridad o el silencio, cuando te dejas llevar sin la resistencia de un recelo a todo, sin miedo, sin pretender controlar y diseñar todo lo que ya te está esperando, que es mucho más grande que tú misma… esa luz se materializa en su propia ingravidez, en forma de milagro inesperado, de regalo compartido.
En forma de vida dentro de tu vida.

Gracias por llegar justo a tiempo.

MS