Cuántas veces al día actuamos por miedo.
A que pase algo, a que no pase​ nada​, a que se cumpla un temor inventado, a que nos suceda lo mismo que​ a​ fulanito, a equivocarnos, a no parecer perfectos a los ojos de los demás, a esa situación o persona que no podemos controlar, a ese lugar en el que no fuimos felices​, ​o​ a temores ficticios por miedos inoculados para que sigamos dormidos.

Cuántas veces frente a tus hijos o demás seres queridos tomas deci​siones​ basadas en el miedo. Para evitar un peligro irracionalmente ridículo e improbable, para controlar lo incontrolable o para pretender dibujar una realidad que sólo está en​ tu​ cabeza.

Cuántas veces los padres actúan sobreprotegiendo a sus hijos, privándoles de experiencias que les aporten herramientas para lidiar con situaciones peligrosas​. Es decir, por querer protegerlos, los dejan indefensos.
Cuántas veces nos presentamos a una cita con alguien con la conversación planeada y ensayada​, maquillados con nuestra coraza anti-loquepuedapasar, y luego no pasa nada, o peor, nosotros mismos creamos el escenario perfecto para que nuestra pesadilla se haga real.
Cuántas veces tememos la reacción de alguien y es exactamente la actitud que tenemos la que causa esa reacción temida.
Cuántas veces empujamos a nuestros hijos a hacer justo lo que no queríamos, por insistir en prohibir algo que ni siquiera se habían planteado.
Cuántas veces destrozamos la confianza en la que deberían basar su seguridad por VIVIR con miedo.

Nuestros hijos necesitan sentir que los adultos a su alrededor les ofrecen calma y estabilidad.
Cuando en una familia se debate, planea y prepara logísticamente la primera vez que su hij@ va a probar un sólido, cuando se le ofrece con una mano una galletita blanda y con la otra sujetamos los “se va a atragantar”, “no le va a gustar”, ​”no está preparado”, “ya verás como no lo tritura y se le va por el otro lado”….y en vez de disfrutar de sus caritas experimentando una textura nueva, un nuevo comienzo, lo sufrimos en posición de alerta con el 112 marcado “por si acaso” ( sé de casos, no exagero)…la vida y todas sus primeras veces se convierten en una pesadilla. Y luego nos extrañamos porque “mi hijo no me come”….

No, tu hijo no hará nada que a ti te de más miedo que a él.

Cuando seamos capaces de entender que el miedo es una ventaja, que nos ayuda para protegernos​ de peligros reales​, y no para que domine todos y cada una de nuestras decisiones, podremos sentirnos mucho más liberados. E​mpezaremos a vivir.​
No es un filtro para utilizar siempre, sino que debería de ser un pilotito rojo de alarma que salte sólo CUANDO ALGO VA MAL, es decir, si trabajamos el miedo a favor nos salva, si no NOS MATA en vida.
Tenemos miedo a hablar en público, a que nuestros hijos empiecen el cole o a que se caigan en el parque, pero dejamos pasar situaciones realmente peligrosas, como son, por ejemplo, estar constante y antinaturalmente alerta.Tenemos al miedo totalmente confundido.

Educar a nuestr@s hij@s es algo “aterrador” si lo miramos desde un prisma de PRE-ocupación de color blanco y negro: todo puede salir bien o mal, soy buena o mala madre, sabré o no sabré educar…

La primera clave es dejar de anticiparlo todo para intentar controlarlo ( es imposible!), y la segunda es asumir que es la primera vez que eres madre/padre ( si, siempre es la primera, aunque tengas 3, porque los 3 son diferentes y tú no eres la misma persona), por lo que es muy probable que si tenías un plan, pueda no salir como “esperabas”. Y es perfecto. Es genial.

Porque si utilizas la palabra mágica, que sería la tercera y más importante de las claves para educar liberados del miedo, todo empieza a cambiar. Desde las contracturas de tu cuello hasta tu expresión facial. Los conflictos, imprevistos o momentos de caos ya no son motivos de taquicardia, sino sorprendentemente, de carcajada…de revelación: SOMOS-RIDÍCULOS.

Si, la palabra mágica es CONFÍO.

Confío en que todo va a salir bien, en que nada malo va a pasar… (realmente malo, una mancha de tomate no es algo realmente malo, de verdad). Confío en que con todo el amor que nos tenemos mutuamente y con una actitud de aceptación, confianza y voluntad por crecer juntos, los días van a ser mucho más…ligeros. Reiremos más, tendremos menos canas ( de momento, jejej) , dormiremos todos mejor….Y si pasa algo malo sabremos actuar, porque vivir confiando no es tener una actitud irresponsable ante la vida, sino utilizar de forma correcta los recursos que tenemos para mantenernos A SALVO. Si necesitamos que el miedo nos ayude, saldrá, nos protegerá sin dominarnos. En forma de intuición, de prevención responsable y cabal, o de reacción inmediata ante un posible daño REAL.
Confiar es aceptar que incluso cuando lo malo pasa, es para algo, para sacar fuerzas y aprendizaje. Para ayudarnos a confiar aún más.

Porque todo lo que temes, lo creas.

Si temes educar hijos “desobedientes” serás más estrict@, y ell@s se rebelarán. Voilá.
Si temes que tus hij@s te reten, tomarás una posición de autoridad, haciendo más patente que lo que más importa es estar por encima, y tus hij@s te retarán aun más.
Si temes a las mentiras controlarás más, y ell@s se sentirán más invadidos en su intimidad ( hablamos de pre y adolescentes), por lo que te mentirán más porque no habrá confianza, sólo temerán tus reacciones. Voilá.
Si temes que en tu casa haya mal ambiente vivirás en una actitud forzada en la que todo ha de ser perfecto y tu familia no te tomará en serio, les estresarás. Es imposible que en una familia no haya roces y en tensión, muchos más. Voilá con el mal ambiente.
Si temes a las peleas intervendrás cada vez que discutan, querrás evitarlas pero con tu actitud de Juez/policía les estarás enfrentando más ( tu idea de la justicia no es su idea de la justicia) y encima les estarás privando de aprender a solucionar sus problemas solos. Voilá con niños que lo solucionan todo a mamporrazos…
Si temes que “se haga daño” por seguir “haciendo el tonto”, ( balancearse en la silla, saltar desde el sofá, correr escaleras abajo) y no paras de repetir “cuidado con eso!!”, estarás ofreciendo toooooda tu atención a una actitud que se podría extinguir de otra forma y, al final , se caerá y tú dirás el mítico “VES!! SI YA TE LO ESTABA DICIENDO YO!!!”

¿Sigo?

No dibujes tu vida desde la anticipación y el miedo, todo lo contrario, trabaja para sembrar lo que SI QUIERES desde la confianza y tendrás muchos más resultados. Tener un plan partiendo de la base de que tener hijos no es fácil, que pasaremos por fases que nos superarán a veces, pero que terminaremos superando, es fundamental para no perderse. Para mantenernos firmes en los momentos REALMENTE peligrosos. Pero de ahí a vivir cada día como si todo fuera una catástrofe…es muy diferente…

Los niñ@s necesitan SEGURIDAD para crecer emocionalmente estables, y si los adultos que los educan viven atemorizados, su desarrollo estará marchado por el estrés. “Mamá y Papá están nerviosos, algo horrible debe de estar pasando”

Ante cualquier situación nueva, revisa si las decisiones que tomas son desde el miedo o desde la confianza. Igualmente no será todo perfecto, pero serás libre y tus hijos crecerán más seguros. Sorprendentemente, tener más miedo no les va a proteger más, sino todo lo contrario.

Una mujer muy sabia me dijo una vez: ¿Sabes uno de los principales motivos por lo que algunas suegras y nueras se llevan mal? Porque unas temen que las nueras las alejen de sus hijos y las otras, temen no ser “suficiente”, se sienten juzgadas. Y así es como el MIEDO destroza una posible relación madre-hija preciosa. Las dos toman una actitud a la defensiva, de desconfianza y recelo que las aleja y las enfrenta.

Puedes estar de acuerdo o no, pero da que pensar. ¿Verdad?

Permíteme insistir: TODO LO QUE TEMES, LO CREAS. ASÍ QUE CONFÍA…Para todo, porque el miedo mal entendido es el ancla que te impide llegar más allá de ti mism@.

María Soto